Es hora de recapitular
27° Bafici, No matar
No hay nada, especialmente a tan pocas horas de anunciada su muerte, que pueda intentar decir sobre Adolfo Aristarain que otra persona no pueda decir mejor. No tiene tanto que ver con desconfiar de mi nivel de conocimientos sobre su filmografía, sino con que no hay manera de que intentarlo no me termine llevando en primer lugar por un camino demasiado personal y sensible. Simplemente dejémoslo en que nunca lloré tanto en un cine como volviendo a ver Roma en el Bafici 2013, o que pocas características de un personaje masculino me impresionaron tanto como Martín guiando a Hache a través de las bondades de comer en un restaurante elegante. Ustedes podrán seguir las miguitas de esa información, no para psicoanalizarme sino porque siempre tuve la sospecha de que desde mi generación (1990) en adelante todo ese período de Aristarain empezó a ser mejor recibido, tal vez sin el shock de quienes crecieron con sus primeras películas. En 2017 lo entrevistamos en su casa con mi amigo Juan Pablo Martínez (testigo inmediato del Llantogate en la función de Roma) para nuestro podcast Los jóvenes viejos. Esperablemente se sintió un poco como Roma en mi cabeza. Pronto estaremos resubiendo el episodio a Spotify.
El año pasado a la altura del Bafici el Pro encaraba una campaña electoral compleja en la Ciudad, apelando a que los porteños reconocieran las bondades de gestiones anteriores pero sin llegar al punto de darle un voto a Horacio Rodríguez Larreta, sino que contemplaran la posibilidad de una continuidad mejorada bajo el signo de un nuevo Macri. Los porteños eligieron a Manuel Adorni.
Desde entonces la gestión de Jorge Macri entró en el trip rarísimo de imitar la retórica libertaria y al mismo tiempo sumergirse en una especie de… larretismo campanellizado maximalista sobre las virtudes de Buenos Aires. ¡Ley y orden! ¡La ciudad más linda del mundo! ¡Se terminó el vale todo! ¡Muzza de dorapa! ¡A LA CIUDAD NO ENTRAN! MEDIALUNAAAAASSSS!!!!!!! WROOM WROOM!
Todo lo cual hace más meritorio el hecho de que el Bafici parece haber encontrado su centro entre todo ese ruido, y este año tuvo su mejor edición del período pospandemia.
Esto está atado a una cuestión que puede interpretarse de maneras muy opuestas, y que es el abordaje que el festival eligió o debió hacer respecto de años más prósperos de su historia: se presentó el Archivo Bafici, se hizo una nueva retrospectiva de Pere Portabella (20 años después de la primera), se entregaron premios tributo a Raúl Perrone y Ana Poliak y se programaron nuevas digitalizaciones de Modelo 73 de Rodrigo Moscoso (Bafici 2001) y Ciudad de María de Enrique Bellande (Bafici 2002), además de El fulgor de Ramón Lluís Bande como tributo a José Luis Cienfuegos (exdirector la Seminci de Valladolid que falleció en diciembre) y a Fran Gayo, coordinador de producción artística y luego programador del Bafici entre 2010 y 2017, que falleció en mayo del año pasado. Los roles definitorios que esas figuras y películas tuvieron en la historia y la identidad del Bafici son evidentes, pero volver sobre ellas hace inevitable pensar en todo el terreno perdido casi en tiempos y proporciones similares a los del Festival de Mar del Plata.
Se pueden evitar las obviedades más vinculables a la economía nacional (al Bafici han venido Huppert, Waters, Bogdanovich y Nacho Vegas en el equivalente indie a una fase imperial) y los detalles que no le importan a nadie (¡llegó a haber catering de Cadore en los cocktails! ¡Este año en la fiesta de cierre había que pagar por empanadas o sandwiches!), y aun así se podría pensar en que se fueron para siempre las funciones matutinas libres para acreditados, jubilados y estudiantes, o que llegó para quedarse el absurdo de mezclar largos y cortos en las competencias. Es mucho menos sustentable hablar de variaciones en el interés que el festival pueda despertar dentro o fuera de la industria, pero es cierto que existió una época en la que los spots promocionales o las películas elegidas para abrir o cerrar el festival despertaban debates encendidos, o en la que Clarín llegó a editar un minisuplemento especial de cobertura del evento. Esto último es muy forzado a sabiendas de que no existe un solo medio en ningún soporte que pueda permitirse desde el presupuesto brindarle una cobertura muy exhaustiva al festival, pero la cuestión (sobre la que no tengo una certeza) es respecto del poder de crossover que pueda sostener.
La alternativa es pensar qué hizo esta edición del Bafici desde el contexto actual y desde esas limitaciones que saltan si uno mira hacia ediciones pasadas, y pareciera que este año se terminaron de alinear varios factores entre público, cine argentino y festival. El momento más representativo fue la tercera charla consecutiva sobre el conflicto del Incaa, que llegó a un equilibrio entre la tensión de la primera (que avivó innecesariamente el director artístico Javier Porta Fouz) y la intrascendencia de la segunda. Esta vez el hall de la sala Casacuberta del Teatro San Martín se llenó de jóvenes con inquietudes, ideas y libretas de apuntes, y Porta Fouz llevó adelante una charla sin grandes articulaciones pero con buenas descripciones de los expositores, en la que incluso se permitió tirarle algún dardo a Mar del Plata (por lo rápido que destruyó el público que construyeron gestiones anteriores) y deslizó que esta edición del Bafici tuvo un récord de inscripciones argentinas y extranjeras, y que a mitad de su desarrollo ya estaba proyectando haber vendido más entradas que en el año pasado. Hubo otros gestos interesantes, como la habilitación de nuevas funciones para Modelo 73 y Ciudad de María por lo rápido que se agotaron antes del comienzo del festival y por el quórum tuitero que obtuvieron para pedir una pasada extra. O las palabras de la programadora Magdalena Arau durante la entrega de premios, diciéndole a los cineastas argentinos presentes que en “esta coyuntura” el Bafici es “su casa”. Pueden ser señales de que el festival encontró un ángulo que le sienta cómodo como para acostumbrarse a la idea de que se volvió una especie de refugio para el cine argentino. Tal vez además se trate en parte de que indudablemente bajó la efervescencia de espectadores y cineastas en sus reclamos sobre el tema.
También es cierto que el Bafici recuperó cierta exclusividad en cuanto a la experiencia que ofrece. En otra época la clave era la clase de cine que exhibía respecto de la cartelera comercial (y en sus momentos más influyentes esto podía traducirse en la llegada de películas alternativas a ciertas cadenas). Eso pudo haberse exacerbado por la manera en la que el Incaa se retiró de cualquier política de cuota de pantalla, pero en esta economía y época del consumo audiovisual es probable que el Bafici hoy también sea un incentivo para el acto mismo de ir al cine (ese es el punto que Porta Fouz traía a colación en la charla, justamente para hablar del éxito de venta de entradas del Bafici como un fenómeno insular). Las nuevas camadas de cinéfilos no llegaron a conocer el frenesí de ir saltando de Facebook y Twitter a las secciones de comentarios en los blogs que iban siguiendo las alternativas de un Bafici (ya debe haber chicos que crecieron conociendo solamente la versión de Quintín que no deja de difundir fake news de la misma cuenta aunque la gente ya se lo haya advertido), pero la naturaleza humana del runrún festivalero se mudó a Letterboxd, y este año Twitter no dejó de mostrar breves crónicas de anécdotas de funciones o incluso romances (yo llegué a ver “BAFICI” unas tres veces entre mis trending topics). Son diagnósticos alentadores pero de una difusión que solo sirve si se produce orgánicamente. El Pro no podría intentar estimularla sin hacer quilombos, aunque la Ministra de Cultura Gabriela Ricardes parece haber hecho algunos rondines amistosos likeando tuits que mencionaran al festival. ¿Serviría que el Bafici tenga cuentas propias en las redes, ya que logró su autonomía de sitio web? Es imposible no decirlo sin recordar que en algún momento el festival discutía la posibilidad de su autarquía, pero esas épocas quedaron lejos.
Porta Fouz llegó a las diez ediciones como director del festival. Alguien más interiorizado podría definir lo siguiente: ¿es un tiempista habilidoso que logró aguantarse los embates más fuertes de la política cultural larretista para mantener al festival en pie hasta que se convirtiera en este espacio seguro para el cine argentino? ¿O dio demasiadas concesiones en esas luchas hasta dejar al festival sin herramientas como para cobrar mayor relevancia sin una competencia significativa de Mar del Plata?
Lo único cierto es que hubo un acontecimiento de este Bafici que se distinguió con claridad como la continuidad de una búsqueda artística del festival. La presentación de No matar de Juan Villegas en la competencia oficial argentina siguió los pasos de Secuestro y muerte, El olimpo vacío y El diálogo como una apuesta de la programación a películas marcadamente políticas y marcadamente contrarias a los consensos del kirchnerismo y/o progresismo. No matar está por cumplir un mes despertando discusiones en las redes sociales y algunas publicaciones digitales, y para beneficio de los afortunados que no pasan tanto tiempo online Captura recomendada presenta una cronología exhaustiva de las polémicas alrededor del documental.
2 de enero: Juan Villegas hace el primer anuncio de un estreno tentativo de No matar en octubre.
24 de marzo: se estrena Las víctimas que quisieron esconder | Día de la Memoria. Completa. de Santiago Oría en el canal de YouTube de Casa Rosada. Cuenta con los testimonios de la nieta restituida Miriam Fernández y del Asesor de Derechos Humanos del Ministerio de Defensa Arturo C. Larrabure, hijo del militar Argentino del Valle Larrabure que fue secuestrado y asesinado por el ERP en 1975. Villegas opina de manera ambivalente sobre el video.
25 de marzo: Villegas vuelca nuevas opiniones negativas sobre el video en un diálogo con Mariano Llinás.
31 de marzo, 11:19 horas: se anuncia la programación del Bafici. Villegas comparte en Twitter la página del catálogo del festival sobre la película y rechaza cortésmente la defensa preventiva del crítico Federico Karstulovich, que le dice “Te van a tirar a matar. Y ahí vamos a estar para hacerte el aguante, Juan. Van a venir muchos largos de esto. Pero ahí estaremos”. Hay otras dos discusiones que se producen en las respuestas. Una respuesta de Villegas en uno de esos intercambios es “Si te fascina la reivindicación de ‘la lucha’ de los ‘combatientes revolucionarios’, esta no es la película para vos”.
Una compilación de materiales en crudo de No matar, que estuvo disponible bastante tiempo en el canal de Vimeo de Al trote films (productora de Villegas y Mariana Erijimovich), pasa a ser privado (no necesariamente ese mismo día).
31 de marzo, 12:56: el divulgador David Fernández se refiere a No matar como “documental dosdemonista”. De un intercambio posterior con Villegas se entiende que accedió a un corte previo de la película.
31 de marzo, 15:48: Larrabure comparte un link al documental de 2014 El copamiento 10-08-74, para el cual aportó un testimonio. Lo describe como una película “realizada por el INCAA” y sugiere “que cada uno saque conclusiones”.
31 de marzo, 16:20: Villegas niega haber sido docente de Oría en la FUC.
10 de abril: Villegas comparte un video con reflexiones de la historiadora Vera Carnovale sobre el video de Oría y los sucesivos cambios de paradigmas oficiales sobre las políticas e ideas de memoria respecto de la dictadura y la violencia política de los años 70. Dice Villegas: “Si me preguntan de qué trata mi película No Matar, que se estrena en el Bafici, parte importante de la respuesta la está dando ella”.
18 de abril: Infobae publica una entrevista de Claudia Peiró a Villegas.
Villegas declara que, en general, los relatos sobre víctimas de la guerrilla “fueron usados para reivindicar la dictadura o minimizar o justificar el terrorismo de Estado. De ninguna manera esa es mi intención”. Agrega: “quise hacer una película que narrase el dolor de los familiares de estas víctimas sin que eso signifique romper el consenso del ‘Nunca más’. Esa era mi motivación inicial”.
Sobre si la película refleja su pensamiento: “Mi voz no aparece en el documental; yo hablo a través de los entrevistados. Eso no significa que esté de acuerdo con cada cosa que dicen, pero la suma de sus testimonios conforma de cierta manera mi visión”.
Sobre quiénes tienen la responsabilidad por (palabras de Peiró) “el relato parcial y simplificado de los últimos tiempos”: “No me interesa buscar culpables con nombre y apellido. Ni siquiera ubicar responsabilidades en determinados sectores políticos por sobre otros. Obviamente, tengo mis opiniones, pero en este momento me interesa abrir la discusión”.
19 de abril: Seúl publica una entrevista de Diego Papic a Villegas.
Sobre la omisión de la militancia armada en las primeras películas sobre la dictadura: “Hubo un primer momento en esa época, incluso hasta en el Juicio a las Juntas, cuando los sobrevivientes trataban de evitar contar que algunos eran militantes de organizaciones armadas. Por una cuestión de que no se justificara la represión desde ese lugar. Era hasta entendible en ese momento. Y después se pasó a otra etapa donde eso se romantizó”.
Sobre negativas a la película: “Presenté el proyecto al INCAA al final de la gestión de Alberto Fernández, y tuve dos respuestas de un comité. Primero, una con una reescritura, y después una negativa (…) Se cuidaban en el dictamen de no impugnar ideológicamente, trataban de plantearlo desde otro lado, pero se notaba que sí era ideológico (…) Incluso hubo programadores de festivales, gente que conozco hace muchos años, que conocen mis películas, que cuando se las mandé para que la consideraran para los festivales que programan directamente me dijeron ‘no, prefiero no verla’”.
Sobre los testimonios incluidos de familiares de víctimas: “Al final en la bibliografía pongo el libro de Victoria Villarruel. Cómo está escrito no importa, no está muy bien escrito. Las historias tienen una épica innecesaria. Pero me empecé a enterar de un montón de historias (…) Decidí que fueran también solo civiles. Sentía que, si incluía militares o policías, o incluso políticos, era más fácil que la película fuera atacada desde el lugar de querer igualar, o de plantear la idea de dos bandos, que es una idea muy simplificadora”.
Sobre el montaje de los testimonios de familiares de víctimas: “Traté de dejar afuera cuando se metían más en política partidaria, sentía que no era necesario (…) Está implícita una crítica a toda una época y a la responsabilidad del kirchnerismo en eso. Pero sentía que no hacía falta subrayarlo”.
Sobre un posible uso político del documental por parte del mileísmo: “Creo que sí me molestaría. La idea de ‘Memoria Completa’ me parece un poco falsa, porque está implícita la idea de igualar. ‘Hay una media verdad y falta la otra media verdad’”.
20 de abril, 10:00: La Nación publica una entrevista de Marcelo Stiletano a Villegas.
Sobre la situación de la guerrilla hacia el golpe: “yo coincido con el planteo histórico de que la guerrilla a principios de 1976 estaba totalmente diezmada y deslegitimada frente a la sociedad, lo que hace todavía más cruel y sanguinaria la represión de la dictadura. Por eso el concepto de una guerra entre dos ejércitos es una historia forzada y falsa para justificar esos crímenes. Yo lo tengo clarísimo y la película lo plantea”.
Sobre si está dejando la ficción por el documental: “No la estoy abandonando, es que no me están dejando filmar. La situación del Incaa nos restringió mucho y lo estamos sufriendo”.
20 de abril, 11:10: se publica la primera reseña. Es de Diego Maté para A Sala Llena, de cuatro estrellas y media.
20 de abril, 18:55: llego al Cinépolis Houssay para asistir a la primera función. Veo inmediatamente a Villegas, que está con la mirada hiperactiva propia del director que tiene que repartir entradas de cortesía a gente que no está llegando con la anticipación suficiente. Voy al baño por si la película no tiene intervalo y a la vuelta veo nuevamente a Villegas, cruzamos miradas y nos saludamos cordialmente. Entro a la sala y noto con sorpresa que la presentación de la función no quedó a cargo del programador David Obarrio (quien reseñó la película para el catálogo) ni de Porta Fouz. El integrante del equipo artístico encomendado con la tarea la resuelve de manera eficiente, sin meterse demasiado en el contenido de la película. Villegas agradece al festival por el lugar que le está dando al cine argentino, “fundamental y necesario en este momento”. Después de más agradecimientos (a quienes dieron sus testimonios), dedicatorias (a los hijos de Villegas) y menciones (a Rafael Filippelli y Beatriz Sarlo, quienes Villegas cree que hubiesen estado en la sala aunque no sabe si les hubiese gustado la película) comienza la función. En el intervalo un colega reconoce al abogado y sociólogo Roberto Gargarella. Yo me pregunto si un señor que diviso de lejos será Larrabure, y terminó siendo él.
20 de abril, 23:12: comienza el Q&A, que está casi completo en este video.
Villegas contesta preguntas con varios de los entrevistados en el documental. A los 02:10 se produce el primero de los momentos discutidos posteriormente, que es cuando Ariel Lombardero (hijo de Pedro Lombardero, asesinado por el ERP en 1977) habla de que “también se cuente la historia completa”. Otro pasaje que luego sería discutido (pero no aparece en el video) es un comentario de un espectador que, dentro de una larga exposición, habla de “intereses creados” y “negocios” para que no se desarrollaran posturas como las del documental, al cual Villegas responde simplemente agradeciendo y sin desarrollar. Sobre el final, después de la última intervención en el video, se produce una discusión muy breve cuando algunos espectadores gritan la consigna de 30.000 desaparecidos presentes:
20 de abril, 23.30: Aldo Duzdevich, exintegrante de Montoneros que aporta su testimonio al documental, publica un artículo que extiende su intervención en el Q&A, en la que habló de la encíclica Fratelli tutti del Papa Francisco. El final: “No sé si Juan Villegas leyó la Fratelli Tutti, pero no tengo ninguna duda que Francisco hubiera aplaudido el intento”.
21 de abril, aproximadamente al mediodía: la crítica Florencia Romano publica su reseña en Letterboxd, que pasará a ser la que tenga más likes en la entrada de la película.
21 de abril, 14:00: comienza la segunda función. En el Q&A posterior Villegas interrumpe a una espectadora que en un comentario muy extenso incluye la frase “La sociedad tiene que hablar. Y también exigir un mea culpa que no existió nunca. No existió nunca de ninguno de los dos lados”. Se da el siguiente diálogo:
JV: Me parece que no tenemos que hablar de dos lados. Yo cuando me hablan de dos lados no sé de qué lado estoy. Cuando me dicen “dos lados”… ¿qué lados? El otro día pensaba sobre… todos los temas, hay tantos puntos de vista como personas, y nos obligan ciertas circunstancias. Y creo que ahora, muchas veces, con esta necesidad de poner un slogan rápido y etiquetar hay que ponerse de un lado. Y me parece que hay que tratar de… hacer un esfuerzo para salir de esa dicotomía.
Espectadora: Tenés razón. Cuando hablé de dos lados hablé de, bueno… la dictadura y el terrorismo. Hablé de eso. Del terrorismo de estado—
JV: No, pero si no es como avalar la idea de que es una guerra en que había dos lados y hay que tomar posición de uno de ellos.
Espectadora: Sí, sí, sí. Tenés razón en lo que decís. Tenés razón. Y es hora de que nos empecemos a respetar todos.
21 de abril, 17:34: David Fernández comparte historias de Instagram del director Francisco Bouzas y la crítica Lucía Salas describiendo la primera función. Comienza en las respuestas una discusión con Villegas y el director y crítico Nicolás Prividera.
21 de abril, 19:43: Papic y el periodista Gustavo Noriega reaccionan a las primeras reseñas de la película en Letterboxd.
22 de abril, 08:59: Fernández difunde posteos de Facebook de Claudia Muscat, Larrabure y Pedro Rafael Mercado. Luego entra en una discusión con Noriega, que lo acusa de cometer “vigilanteo”.
22 de abril, 19:00: Julia Montesoro entrevista a Villegas y Erijimovich en su programa GPS Audiovisual. Villegas explica por qué no concuerda con la idea de la “memoria completa”.
23 de abril, 14:20: última función. La sala es el Cine Arte Cacodelphia. Por la duración y la cercanía de las butacas con la pantalla, esa tarde No matar pudo haber sido una película doblemente incómoda.
24 de abril: el newsletter Gracias a Dios es viernes de Seúl patrulla y releva las reseñas en Letterboxd, ve con suspicacia que una usuaria haya inaugurado su cuenta con la película de Villegas y la declaran a ella, Fernández, Bouzas y Juan Pablo Martínez como “indignos de ser tomados en cuenta como interlocutores válidos”.
24 de abril, 11:23: Diego Lerer publica su reseña negativa en Micropsia. Villegas responde en los comentarios.
24 de abril, 11:38: Fernández increpa a Noriega por la publicación de Seúl. Como si quisiera criticar el acto de plantear una falsa equivalencia entre dos clases de agresiones, Noriega le dice “Lo que vos hiciste es una mierda, lo otro es criticable”. Luego de otro ataque de Fernández, Noriega lo considera indigno de ser tomado en cuenta como interlocutor válido y lo bloquea.
24 de abril, 13:12: Villegas lleva tres días sin recuperar el celular que perdió en un Uber.
24 de abril, 15:41: Diego Batlle comparte su reseña negativa en Otros Cines. Es la primera que describe de forma completa algunas de las placas de inicio del corte final de la película, foco del conflicto en la actualización que están por leer.
24 de abril, 16:50: Prividera publica su reseña negativa en Con los ojos abiertos. Villegas responde en los comentarios diciendo que le parece una “canallada” que haya utilizado un corte previo de la película para reseñarla, y sugiere en Twitter al crítico y programador Roger Koza que este último nunca le brindó su opinión sobre el documental como una crítica tácita.
24 de abril, 22:32: Villegas recupera su celular por (y solo por) la buena voluntad del conductor.
25 de abril: Ximena Tordini pregunta si la película “quiere pensar” en su comentario para el podcast La tangente de Revista Crisis.
27 de abril, 09:59: Villegas promete una respuesta a Prividera en los comentarios de su reseña.
27 de abril, 20:18: Con los ojos abiertos publica un texto de Llinás en defensa de la película. Prividera promete una respuesta en los comentarios.
27 de abril, 21.33: Noriega dice que el texto de Llinás es excelente. Quintín no parece tan entusiasmado en las respuestas.
28 de abril, 10:29: Lucía Salas publica una reseña negativa en La vida útil. Incluye nuevos detalles sobre el incidente en el Q&A de la primera función: dos de las tres personas que gritaron la consigna de 30.000 desaparecidos presentes ya habían sido criticadas en Seúl por sus comentarios en Letterboxd o Instagram.
28 de abril, 10:47: Quintín debe haber masticado bronca por el texto de Llinás durante la noche, porque se envalentona matemáticamente:
28 de abril, 16:56: Villegas pide en Twitter “Que ganen los dos”. Evidentemente todos entendieron que estaba hablando del duelo de ida entre Paris Saint-Germain y Bayern de Múnich.
29 de abril, 14:04: Villegas opina que la reseña de Tordini es la más “honesta” (with a twist).
29 de abril, 16:57: Villegas corrige a una usuaria de Twitter que le agradece por “mostrar los dos lados de la historia”.
30 de abril: texto de Hernán Iglesias Illa a favor en Seúl. Reseña a favor de Karstulovich en Perro blanco.
1° de mayo, 12:29: 37 comentarios bajo el texto de Llinás del 27 de abril.
1° de mayo, 17:36: texto de Albertina Carri en Con los ojos abiertos. Parece haber visto el mismo corte que reseñó Prividera, y menciona la “nota muy linda de Lucía Salas”. ¿Su posición respecto a la película? Digamos que en los comentarios Villegas le avisa a Carri que espera su pedido de disculpas.
2 de mayo: 28 comentarios bajo el texto de Carri. Suficientes para que surja una polémica sobre supuestas declaraciones de el exdirector del Bafici Sergio Wolf en la edición 2010.
3 de mayo: texto de Quintín en Seúl. Menciona la nota de Salas como un ataque “insidioso”1 y elabora sus reparos con la defensa de Llinás.
3 de mayo: nuevo frente confirmado que involucra a Para hacer una película solo hace falta un arma de Santiago Sein, presentada en la sección Cine sobre cine del Bafici. Lerer lo había abierto en su reseña del 24 de abril, cuando comparó la programación de la película de Sein en una sección paralela con la selección de No matar para la competencia argentina y adjudicó el hecho a “motivos políticos”. Porta Fouz le respondió el 30. Salas también se preguntó al final de su reseña (28/4) por las prioridades que estableció el Bafici en esas decisiones. Fernando Martín Peña reclamó por la exclusión de la película de las competencias del Bafici en Instagram y Arau le respondió en los comentarios.
3 de mayo: Claudia Muscat, que aporta su testimonio a la película por el asesinato de su padre Antonio, había publicado un post de Facebook sobre la película el 28 de abril. Lo mandó como carta a La Nación, que la publicó. Sobre el final la carta dice: “es mi deseo que les llegue el repudio y la condena social tanto o más que a los militares que cometieron excesos en cumplimiento de su objetivo de erradicar la subversión”.
4 de mayo, 11:15: Tordini pide “que no se corten los comentarios envenenados en el blog de cine que de lo contrario tengo que ponerme a laburar”. Si se refiere a Con los ojos abiertos, Koza suele apuntar que es un sitio web y no un blog.
4 de mayo, 11:48: Villegas le responde un comentario a Carri y anuncia que se viene una respuesta suya a Prividera. Una hora y media antes Carri habló de “esa derecha democrática que patalea detrás de tu daddy Q”. Villegas responde “Más valiente de tu parte hubiera sido que me lo digas en la cara el otro día, cuando nos saludamos en la puerta de la FUC y no podías ni mirarme a los ojos”.
4 de mayo, 12:39: Villegas señala una errata en la actualización anterior, que tal como estaba escrita indicaba que se vendría una respuesta suya a él mismo.
4 de mayo, 13:06: Gargarella escribe sobre la película en La crítica del derecho. “Un aporte digno, aunque algo perezoso” (itálicas de Gargarella).
4 de mayo, 13:36: llega la ¿primera? nota de Villegas en respuesta a Prividera, con menciones a Carri y Lerer.
5 de mayo: hay dos nuevas reseñas. Liliana Isod a favor, Fernando Varea en contra.
6 de mayo, 14.25: Koza anuncia que Con los ojos abiertos está caído “por razones desconocidas”. El sitio arroja un error 504, que puede producirse (entre otras causas) por un ataque DDoS, en el que se satura a un sitio con múltiples visitas simultáneas de bots.
6 de mayo, 23.35: “El ataque cibernético ya pasó”, afirma Koza, y el sitio vuelve a funcionar.
Algunas de las declaraciones de Villegas a Seúl que separé (ver 19 de abril) son las que mejor explican lo que parece ser una intención del documental por partir del punto más primario posible en la narración de los crímenes de la guerrilla. Todas las precauciones que toma (solo casos de víctimas civiles, no abundar en menciones explícitas al kirchnerismo, las placas iniciales intentando pasar de la condena a la dictadura a su planteo central sin decir “pero”) parecen querer reflejarse en aquellos primeros intentos del cine argentino por contar las atrocidades de la dictadura sin permitir que la pertenencia de parte de los desaparecidos a las organizaciones empañara un pedido de justicia con el que había que salir a concientizar a la sociedad. O más bien desde un planteo que en aquel entonces era el de “miren que la dictadura mató a mucha gente que no tenía nada que ver con la guerrilla”, y que en la selección de testimonios de familiares de víctimas de No matar podría tratarse de algo como “miren que la guerrilla mató a mucha gente que no tenía nada que ver con la policía o la institución militar”.
Todo lo cual constituye el principal problema de No matar, que es que no estamos en diciembre de 1983, ni en Argentina, 1985 o ni siquiera en el 95, que es cuando se da el tenso diálogo entre Delia Lozano y Jorge Reyna en Hora Clave que Villegas incluye (nada me confundió tanto como la alusión que el director hizo en el Q&A de la primera función al respeto que notó en ese intercambio, cuando viniendo desde el testimonio de Lozano se parece más a un pico de gaslighting historiográfico). El elefante kirchnerista y su sucesor villarruelista en la habitación no se evitan completamente, y se ven algunos indicios de cómo los familiares de víctimas lidiaron con lo que consideraron una impugnación de su condición como sujetos históricos y políticos. ¿Pero por qué no ahondar en ese punto, que básicamente originó la película y la atravesó con las negativas del Incaa bajo el gobierno de Alberto Fernández? ¿Por qué no explorar más las impresiones de los familiares de víctimas sobre el mileísmo y sus intenciones, o indagar en las aplicaciones institucionales que tendría una “historia completa” como las que en un momento esboza (hablando de “sectores”) Lombardero? ¿Por qué Aldo Duzdevich tira al pasar que los integrantes de organizaciones revolucionarias fueron “la gran mayoría del componente de desaparecidos” cuando es una burrada?
El protagonismo que va tomando Lozano rescata al documental de las intrascendencias de Emilio del Guercio y del punto en el que Duzdevich deja de aportar un contexto interesante y empieza a tirar postas como un taxista. Es el testimonio que cubre el período más largo en sus movimientos para atravesar el dolor de su pérdida y vivir con los cambios de paradigma alrededor de crímenes como el que sufrió su padre, y es el que explora con mayor detalle sus sensaciones al respecto. No significa un mérito de ella ni un defecto de los otros familiares, ni se trata de que Villegas tuviera que encontrar víctimas perfectas para justificar sus posturas. Pero sí estaba en manos de Villegas la posibilidad de abrir discusiones que se metieran de lleno en las complejidades actuales, y la precisión quirúrgica con la que quiso evitar ciertas impugnaciones lo terminó coartando. Es difícil que, como menciona Villegas en el Q&A de la primera función, No matar pueda inscribirse en la tradición de documentales políticos como La hora de los hornos si hay que salir a defender su valentía frente a lo que dicen reseñas de usuarios progresistas en Letterboxd.
Es una licencia mía. En realidad dice “insidiosas” pero pifiándole a la concordancia con “ataques”. También tenía mal el link, que por un par de horas apuntó al texto de Carri.


