Esplendor 22
Mar del Plata flota entre las bandas festivaleras
Se sabe que señalar cada nueva contradicción del mileísmo es tan inútil como inevitable (el buscador de Twitter puede hacerlo un poco divertido, a lo sumo): periódicamente aparece un gasto insólito para el que sí hay plata, un segmento social vulnerable que al final era la casta o una figura política repentinamente reivindicada o denostada con la misma intensidad que tenía su apreciación inversa y reciente. Carlos Pirovano y su gestión en el Incaa vienen remixando esos motivos con una velocidad furiosa, ya no tanto en el obvio garrochazo partidario desde la identificación de Pirovano con el Pro sino con las acciones combinadas en los últimos meses, todas bajo una subejecución presupuestaria disfrazada de superávit: el empecinamiento con el cierre del canal de Cine Ar y la privatización de su plataforma de streaming, el uso del Fondo de Fomento Cinematográfico para sostener una nueva cruzada timbera de Luis Caputo, el avance (hoy mismo concretado) de un nuevo y pésimo reglamento de asignación de horas cátedra en la ENERC, el inminente cierre de la sede de la ENERC en Formosa y la novedad de Pirovano en reuniones con el Consejo Asesor del Incaa comportándose como Michael Scott cuando veía The Devil Wears Prada de a cachitos (la misma manera en que Pirovano vio Homo Argentum)1.
El nivel de absurdo es tal que le pareció demasiado a la mismísima Cristina Agüero, la directora de Olaf, quien aportó frente a la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados otra perlita de las reuniones que parece una invitación por parte de Pirovano:
Por este grado de cinismo es que la próxima edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata puede ser interesante, casi al punto del morbo. Las paradojas son tantas y atacan a tantos aspectos del festival y la retórica del gobierno que se podría armar un camino que forme una cinta de Moebius: después de machacar por meses con el slogan de “el renacer del esplendor” —nada menos que una vuelta a las ediciones más nutridas de celebridades— el festival finalmente debe salir a mostrar los resultados de los tejes y manejes del Codirector Artístico Gabriel Lerman desde Los Ángeles para conectar con las estrellas que podrían volver a engalanar el evento, plan que incluyó la inolvidable movida de no cruzar las fechas del festival con la celebración de Acción de Gracias. Tendrían que aparecer plasmadas las bondades de los aportes privados que Pirovano y el Municipio de General Pueyrredón prometieron entre café, medialunas y flashes con empresarios locales en el Torreón del Monje. Hay que sacar a relucir la elegancia con un presupuesto que solo permite hacer spots con IA e imágenes que dicen “Leopoldo Nilsson”. Hay que mostrar opulencia sin que parezca un derroche de gastos2 y hay que mancomunar esfuerzos con la Provincia sin que parezca un acercamiento demasiado cordial, un equilibrio que casi se rompe con las gestiones del exkirchnerista Francisco Taverna por el uso del Teatro Auditorium. Hay que ir a un municipio pintado de violeta, pero con un segmento de público que puede ser hostil. Otra vez hay que poner cara de feliz cumpleaños y darle algo parecido a una bienvenida al cine argentino sin desmarcarse demasiado del odio profundo que le tiene Pirovano, acrobacia que Lerman intentó el año pasado y de la que no salió airoso.
Y hay que lograr convocar a más público sin caer en un gesto tan populista como el de poner entradas demasiado accesibles (están un 87% más caras que el año pasado, sin contar service charge para la compra online). Por si esto último pareciera una presunción para cargar las tintas, van dos postales: Pirovano en 2024 justificando la falta de descuentos en las entradas.
Pirovano en 2025 recomendando “acreditarse” para no pagar el “precio pleno” y anunciando los descuentos a jubilados y estudiantes. ¿Indicador de recesión? ¿O bajo su lógica de 2024 este año las películas serán de peor nivel?
Hay resultados a la vista, por lo pronto. El esplendor deberá empezar a renacer con las visitas de Javier Cámara, Carmen Maura y Bill Condon. El primer homenaje del festival, con premio a Juan José Jusid en la presentación en el Gaumont, tuvo al homenajeado diciendo frente a Pirovano que “la actual ausencia de rodajes pone en evidencia, entre muchas cosas, que la inactividad audiovisual nos ha dejado sin un espejo fundamental para revelar lo que nos pasa, para pensarnos y reconocernos”3. El buscador del sitio web del festival incluye 188 películas más diez episodios de series, lo que es decir 30 títulos más que en la edición pasada y 10 menos que en 2023. Hay una sede más, con la vuelta del Ambassador. En la competencia internacional hay un documental sobre el Papa Francisco y una ficción sobre un hombre despedido de una multinacional que vende su casa al 50% de su valor a un grupo de inversores. Hay un foco de dos películas de Fernando Birri y funciones de The Rocky Horror Picture Show que, según una gacetilla del festival, “incluyen una invitación a los asistentes para que se disfracen como los personajes, y luego canten en la sala sus pegadizas canciones”. Hay una programación completa denostada en detalle o más sucintamente por gente con conocimientos del tema. Tal vez dentro de unos años se pueda analizar si Lerman, Stamadianos y el equipo de programación habrán podido construir un estilo curatorial entre las posibilidades y las limitaciones. Sobre el final de la edición anterior Lerman lamentaba tener que haber hecho un festival “con el 20% del dinero que realmente necesitamos”. ¿Se habrá acercado un poco más Pirovano a esas necesidades? ¿Habrán salvado las intervenciones de Scott Bessent la posibilidad de pagar un screening fee en estas últimas semanas? O más bien: ¿puede construir una identidad esta gestión del festival sin el presupuesto para el grado de glamour que tanto predica?
Fuera de Campo es tan joven que parece mentira que ya haya tenido que pasar por un cambio de nombre y por una controversia (muy Mar del Plata 2023) sobre lo que representa una foto con una funcionaria. Sumó un día de duración respecto a la edición pasada, pero por ahora mantiene las dos sedes (Teatro Enrique Carreras para proyecciones, librería El gran pez para actividades especiales) que ya habían demostrado quedarle chicas. Las tres charlas anunciadas parecen estar en sintonía con la necesidad de “lograr la transversalidad” de “acciones de fuerza”, como dice el editorial de esta edición en el sitio web del evento, y de empezar a amalgamar ideas para un potencial futuro político que permita ponerlas en marcha. ¿Se repetirá la efervescencia del año pasado en ese sentido? ¿Surgirán respuestas y planes concretos en este contexto? ¿Quedan instancias previas a tomar la palabra en el festival del Incaa y empezar a exponer reclamos y problemáticas de forma más directa?
Hay una última paradoja para señalar y es que, para todo el esfuerzo que sus integrantes han puesto en distanciarse no solo del Festival de Mar del Plata, sino de la idea misma de ser un festival, Fuera de campo tiene todo para volver a ser lo más parecido a un festival que ocurra en Mar del Plata en menos de dos semanas: la programación tiene una combinación de “lo que tendría que estar” con apuestas bastante conscientes en balancear estilos y orígenes, las funciones “retrospectivas” son en fílmico y no con digitalizaciones de dudosos estándares y básicamente no tiene que tratar con el cine argentino mientras camina sobre la cuerda de no oponerse tanto a la figura que dice que verlo puede representar una tortura.
Son prácticamente dos estados de ánimo en principio opuestos, pero con sus propias complejidades y preguntas por delante. Habrá que ver si lo que pase este domingo los afectará de alguna manera.
Vale la pena escuchar toda la entrevista de Andrea Testa, que habló de manera clara y muy completa de todos los frentes abiertos en el Incaa. Incluso hizo un resumen más amplio de la gestión de Pirovano ante la Comisión de Cultura de Diputados.
El año pasado esto le provocó a Pirovano una de las pocas corridas por derecha que tuvo su gestión, cuando debió justificar el gasto en hotelería para el festival nada menos que en el programa de streaming del Gordo Dan.
El periodista Agustín Mango publicó la traducción al inglés en el Buenos Aires Herald y facilitó la versión original.



